Lectura de Sociología de la libertad de Abdullah Öcalan

En Rizoma, Deleuze y Guattari afirman que: «Un libro no tiene objeto ni sujeto, está hecho de materias diversamente formadas, de fechas y de velocidades muy diferentes. […] Nunca hay que preguntar qué quiere decir un libro, significado o significante, en un libro no hay nada que comprender, tan sólo hay que preguntarse con qué funciona, en conexión con qué hace pasar o no intensidades, en qué multiplicidades introduce y metamorfosea la suya, con qué cuerpos sin órganos hace converger el suyo. Un libro sólo existe gracias al afuera y en el exterior».

Me interesa situar mi comentario sobre Sociología de la libertad, tercer volumen del Manifiesto por una civilización democrática, del intelectual y activista kurdo Abdullah Öcalan actualmente encarcelado por el estado de Turquía, en este desplazamiento que va desde la interioridad a la exterioridad del libro y, por lo tanto, a las articulaciones que contribuye a crear y a imaginar. También, con la pregunta que la filósofa feminista italiana Rosi Braidotti realiza en Por una política afirmativa, itinerarios éticos: ¿es posible aun imaginar prácticas y teorías políticas afirmativas, capaces de difundir alternativas sostenibles y horizontes sociales de esperanza y de resistencia? Se trata de un desplazamiento y una pregunta que a mi juicio resuena estrechamente con la escritura de Öcalan en tanto su Sociología es un en sí misma una práctica de la libertad, mostrando el carácter performativo, creativo que tiene la escritura cuando es encerrada en las paredes de la cárcel. Se puede hablar de una escritura carcelaria, que no agota en ella, cuyo horizonte de sentido es ese «…Cada paso hacia la libertad que sólo puede ser un intento...» Este libro es un ensayo, que no solo retiene su definición como genero discursivo y literario, sino un ensayo que funciona como una práctica. Un ensayo de esa libertad que ningún muro nunca podrá atrapar. Un ensayo abierto a una exterioridad, que hoy es esta reunión en Santiago de Chile, en torno a este pensamiento que es difícil de situar en una geopolítica moderna-capitalista. ¿Es sociología?, ¿es filosofía?, ¿es un manifiesto?, quizás es todo ello, lo que sabemos con certeza es que es su defensa frente a los tribunales del estado, un reclamo y una afirmación. Esta escritura híbrida de Öcalan sin duda también es un gesto de romper con el canon y con las quimeras de pureza propia de esa modernidad capitalista que su escritura contribuye a socavar. Sociología de la libertad, por lo tanto, es una multiplicidad, es la huella de un presente que conecta pasados y futuros, es una escritura sobre la libertad, la modernidad , el poder y el reclamo por la sociedad y que ofrece una versión de la sociología que no se conforma con dar cuenta del estado de las cosas sino que asume una posición de rechazo del poder y afirmación de las minorías oprimidas a partir del propio atrevimiento, diría Kant, de pensar no solo por sí mismo, sino que pensar y escribir en un lugar en donde aquello está prohibido. Su autor, reclama una identidad colectiva -el pueblo kurdo- como arma de lucha frente al estado que opera por la individualización de los sujetos y las identidades, para vigilar y castigar en general o para exterminar de forma particular a quienes disputan sus fronteras y reclaman sus tierras. El autor escribe Sociología de la libertad dentro de las paredes de la cárcel la prisión de İmrali, Bursa, una isla-prisión en el Mar de Mármara, donde tradicionalmente «…se ha recluido y dejado morir a personas condenadas a penas severas...» Dice, que en el régimen de aislamiento al que está sometido «…sólo se me permite tener un libro, una revista y un periódico en mi celda. Cosa que ha hecho imposible que pudiera tomar notas o citar fuentes. Mi método principal ha consistido en memorizar los puntos que me parecían importantes e integrarlos en mi personalidad. No he aguantado todas las prohibiciones servilmente, sino que he respondido clarificando cada vez más la memoria, el almacén de conocimientos sobre el universo, y priorizando ideas de vital importancia…» La clave de este libro es que se trata de una escritura que ocupa el cuerpo propio como superficie de inscripción del pensamiento, acá no hay separación mente cuerpo, vida-escritura. Es intensidad, es trinchera.

Por lo tanto, no es fortuito que el ensayo discuta sobre el papel central del conocimiento en las estructuras sociales y de poder que me resuena, a la discusión del intelecto general anticipado por Marx en los Grundrisse. Asume, la relación histórica entre las herramientas de conocimiento e información de la vida social y, los procesos revolucionarios, en una vertiente inmanente, en que esos conocimientos y con ellos, esos intelectuales, no actúan desde afuera del sistema saber, poder y capital, sino desde dentro, al modo de una subversión o un flujo que disputa, se apropia y transforma esos regímenes de la verdad. Nos dice que «…la hegemonía no solo se lleva a cabo mediante acumulación, producción y poder; atestiguamos feroces luchas por la hegemonía en el campo del conocimiento…»Es por ello es que la crítica a las ciencias sociales y su ensayo de una sociología distinta no es una cuestión intelectual, se trata de una disputa por la realidad. Son las ya citadas armas de la crítica que sirven para conformar categorías que no solo describen el mundo, sino que le dan forma, lo hacen, lo desarman y lo rehacen. La crítica que a la par desarrolla, al tiempo positivista lineal y monolítico, establece que no hay desarrollo progresivo y lineal continuo, ni menos que el «…universo tenga tal finalidad...» Tampoco es posible una objetividad naturalista pues nada escapa «…al dilema observador-observado, porque la consciencia humana también forma parte de este proceso…» Estos ensayos de crítica de estas categorías, son la base para una práctica de pensamiento que trae, después de muchas décadas de hegemonía de la pregunta por el sujeto y el poder, la pregunta por la libertad ¿por qué hablar de la libertad hoy cuando la libertad se ha vuelto sinónimo de fascismo? Para las que hemos abrazado la libertad como parte de nuestro proyecto intelectual, pedagógico e inclusive biográfico, el llamarse libertario sin duda ya no nos llena de orgullo; el fascismo se ha encargado de apropiarse, expoliar y robar no solo los terrenos comunes, sino que también nuestras palabras. La libertad hoy es más que nunca confinada a una imagen de un libre mercado, de un individualismo obsceno y, sobre todo, a una política sistemática de resentimiento que se corresponde con un odio sin piedad a los despojados de siempre: el pobre, el extranjero, las mujeres, inclusive los niños como lo ha demostrado el parlamento hoy día en Chile con sus vergonzosas discusiones sobre el derecho al territorio, a la salud de los niños catalogados como migrantes. La libertad se ha volcado hacia una compulsión por mercantilizar la sociedad, los cuerpos y las vidas. Por el contrario, la libertad afirmativa que defiende nuestro autor, es sobre un presente y no una promesa, un nuevo paraíso o una utopía mesiánica sino «…una manera renovada de participar por parte de los seres humanos –ahora con mayor conciencia de la naturaleza en una convivencia en armonía, protegiendo la diferencia. Esto no se trata de una intención o de una promesa utópica, sino del arte de vivir bien y con belleza, que tiene un significado práctico en la era contemporánea…» Sin duda la libertad que nos conmueve, las que nos brinda nuestra capacidad para seguir vivos en toda su abundancia porque es una libertad que no es propiedad del humano sino del universo, un universo entramado, enredado, significativo e inclusive, afirma, bello, una libertad que opera como las vetas de la vida. Para eso nuestro autor es agudo: no hay libertad sin política. Exigir libertad en ausencia de política es un error catastrófico afirma. Es por ello, que es imposible una libertad al alero del estado siempre opresor. El estado tiene estrategias, tecnologías diría Michel Foucault pero no política. La política atiende a otra cuestión, es una cuestión de la vida afirmativa. El estado surge donde termina la política, y, por lo tanto, donde termina la libertad, El ensayo recupera una práctica de la libertad que se resiste a su codificación estatal y que, al contrario, se mueve tras una voluntad de desafiar al aparato estatal en tanto, razón congelada, como acertadamente denomina a esta racionalidad. Sin duda una maravillosa metáfora a la que opone el poder de la conciencia colectiva de la sociedad. La sociedad emerge así, como pregunta y alternativa en medio de una defensa y también un reclamo. No hay sociedad solo individuos, fue la célebre frase de Margaret Thatcher con cual se marca el inicio del neoliberalismo europeo, por lo que se trata no solo de recomponer una sociedad que ya no existe, sino que recuperar el devenir sociedad como problema fundamental para la política y el conocimiento.

El autor retoma el proyecto critico también abandonado, de repensar la relación entre la razón y civilización, sin duda, conceptos que a partir del impulso post-estructuralista fueron satanizados, vestidos con un manto de vergüenza y culpa. El rechazo a la razón instrumental, esa que engendró sus monstruos como la bomba atómica, el campo de concentración moderno el genocidio, o el trashumanismo y sus delirios de grandeza humana, así como el rechazo a la civilización, aquella en nombre de la cual se invadieron sociedades y justificó el colonialismo, el imperialismo y todas las formas de imponer el proyecto moderno capitalista colonial, es desplazado y resignificado por el flujo revolucionario. Revolución o barbarie.

Esto sin duda implica recuperar la modernidad, no como una etapa histórica, sino como un umbral, un tiempo presente y para ello precisa de hacer la distinción entre modernidad capitalista y modernidad democrática, la primera asumiría que existe una sola modernidad, que se corresponde con el desarrollo de la acumulación capitalista del norte de Europa, en la que inclusive el pensamiento de izquierda sucumbe. Öcalan propone desmontar esta concepción de modernidad universal singular y demostrar que existe «…una alternativa a la modernidad dominante y que, a pesar de todos los intentos de suprimirla y ocultarla, continúa existiendo en todas sus formas…» No hay una única modernidad, asevera, y tampoco hay un solo capitalismo, y esta afirmación sin duda es gesto radical: reclamar el origen múltiple del capitalismo, y en el cual aquello que llamamos Oriente es una pieza clave que describe su propio desarrollo y no solo un territorio colonial de Europa. Esto es importante, pues la inflexión que realiza, es proponer un sistema mundo en que es posible identificar relaciones de conquista, intercambio y dependencia, pero también, historias propias, que a veces el propio pensamiento crítico descolonial invisibiliza al no pensar a lo otro de Europa más allá, o acá, de Europa. Öcalan apuesta por una modernidad como multiplicidad radical, afirmativa, que no declara la muerte de nada, ni tampoco un festín de la diversidad. De ahí que el razonamiento nos puede conducir a un universalismo una especie mutante y blasfematoria ya que se recupera en medio de un consenso intelectual y político que pareciera que lo local, lo singular, el sur, lo micro, y todo aquello que nos es más cercano y conocido toma el relevo frente a lo que fue la muerte -para algunos- de los meta-relatos. Como buen provocador que es, el autor resitúa estas grandes categorías en un ejercicio intelectual desterritorializante para plantear una ética y una política que va más allá de nosotras mismas, de lo humano, una civilización que no se restringe a la humanidad, sino que se propone como una interfaz que abarca a todos los seres vivos e inclusive o los no vivos, a lo y los inorgánicos que nos llevan a temporalidades, estratos, historias, mitologías y pensamientos. La totalidad que reconstruye, sin duda se desprende de todo dogmatismo y totalitarismo, inclusive los que podrían habitan en las llamadas epistemologías del sur como si el sur existiera y fuera autoevidente. Asume, si, con fuerza, que las ciencias sociales están atrapadas en una disyuntiva eurocéntrica entre ser dominado o dominar, por lo tanto, es preciso marcar diferencias. Pero es claro también en señalar, y ahí la astucia de su razonamiento, de que no se trata de asumir un anti europeísmo, como si las posiciones de poder fueran territorios fijos a los cuales los sujetos llegan ya conformados. Dice que al antieuropeísmo también es eurocentrismo: «…Porque Europa puede encontrarse en Oriente, y, Oriente puede encontrarse en Europa…» Geografías desterritorializadas y de la furia en las cuales nada se da por sentado.Al principio era el libro, Sociología de la libertad como su geografía, es un territorio abierto y una máquina catalizadora que lejos de clausurar el discurso provee de posibilidades infinitas de articulaciones e imaginaciones.

Referencias

Rosi Braidotti, Por una política afirmativa. Itinerarios éticos. Barcelona: Gedisa, 2018

Gilles Deleuze y Felix Guatari, Rizoma. Barcelona: Pretextos, 2021

Abdullah Öcalan, Sociología de la libertad. Buenos Aires: Ciccus, 2025

*Claudia Calquin Donoso, especialista en género, diferencia y alteridad; doctora en Ciudadanía y Derechos Humanos. Es profesora titular en la Facultad de Psicología de la Universidad de Santiago de Chile. Sus investigaciones se centran en el feminismo, los estudios de género, la historia social y cultural, la construcción de la subjetividad y las políticas de cuidados.