La comuna como luz de vida ante el caos sistémico

Una reflexión antigua para el presente y el futuro de los pueblos y la existencia. El Movimiento Kurdo por la Libertad entró en una nueva era tras el llamamiento de Abdullah Öcalan (líder del Movimiento) del 27 de febrero de 2025, donde propuso nuevamente la disolución del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), y así abrir un camino guiado por la comunalidad para llegar a la vida libre. En mayo de 2025 el PKK se disolvió y así inició un nuevo tiempo para la lucha por la libertad. Es necesario ver esta propuesta como la continuidad histórica del paradigma de la Modernidad Democrática y su sistema político denominado el Confederalismo Democrático.

Con el enfoque y la perspectiva puesta en la comuna, Öcalan no está proponiendo un nuevo paradigma ni cambiando el rumbo, sino que esta profundizando en una práctica de vida antigua que se consolidará en el presente, siguiendo y conectándose con las raices civilizatorias milenarias de la humanidad.

El ataque a la vida comunal

Profundizar en la historia es un deber fundamental para comprender y responder a la pregunta: ¿Qué es la comuna y cuál es la esencia de vivir comunalmente para la humanidad?

Para responder esto, Abdullah Öcalan abrió una discusión que posibilita herramientas para que las fuerzas antisistémicas del mundo debatan y reflexionen a nivel internacional en medio del caos sistémico en el que nos encontramos, al mismo tiempo son ideas que nos ayudan a pensar en los aspectos de la vida más intimos. Para Öcalan la vida comunitaria es la escencia de nuestra especie y en cualquier territorio o geografía puede verse como lo más natural de la humanidad. Es en la comuna donde se crea la sociedad, los principios, valores, ética y moralidad de la vida. La comuna surgió como el mecanismo de protección de nuestra especie para poder sobrevivir en el planeta. La vida comunitaria es lo que permite que sigamos existiendo a través del tiempo.

A pesar de ser el nucleo principal y la fuente de vida para la humanidad, la comunalidad se ha visto atacada por la mentalidad capitalista desde hace miles de años. La Modernidad Capitalista busca destruir los lazos comunitarios para seguir quebrando la sociedad, imponiendo el imperio de la violencia y el poder, así va creando cada vez más el culto al individualismo, donde se impone el sálvese quien pueda a cualquier costo. Este es un ataque milenario que ha vivido la humanidad, donde las mujeres fueron el primer objetivo por destruir y atacar, pues en las mujeres se funda la vida comunal, son la escencia y la fuente de la vida comunitaria.

Por tanto, la busqueda de la construcción de la vida comunitaria implica directamente la lucha contra el patriarcado. Para nuestro tiempo es necesario indagar históricamente los ataques contra la vida comunitaria, y esto debe partir de comprender en primer lugar cómo nació el patriarcado en nuestras sociedades. Öcalan con su lectura histórica ve que posiblemente el problema surgió hace más de treinta mil años de antigüedad en Mesopotamía, dónde tras el surgimiento de la casta asesina de cazadores, se atacó a las sociedades guiadas y orientadas por las mujeres, implementando así el sistema de opresión y de organización de la esclavitud que daría origen a la cadena patriarcado-estado-capitalismo.

Lo que estamos viviendo hoy, en el escenario de la Tercera Guerra Mundial y crisis civilizatoria, es el resultado del desarrollo de esta casta histórica violenta, y encontrar el camino de libertad y la vida comunal implica la necesidad de discutir y construir la lucha contra el patriarcado y la mentalidad del macho dominante. Es una lucha muy grande la que tenemos por delante para construir la comunalidad, debemos ser conscientes que es una pelea contra nosotros mismos y nuestras prácticas de vida que tenemos del sistema capitalista. Es así, que de manera colectiva podremos encontrar las respuestas y los caminos de libertad, juntos y juntas podremos identificar cómo el sistema nos ha penetrado profundamente.

La comuna como fuente de vida

Desde la Academia de la Modernidad Democrática en Abya Yala venimos discutiendo qué implica la comuna en nuestro continente y cómo los pueblos guardan en sus prácticas la vida comunitaria como lo más importante para seguir existiendo. Vemos con mucha esperanza este diálogo que se abre con las lecturas del Movimiento Kurdo por la Libertad, y con las teorias y análisis desarrollados por Abdullah Öcalan con las filosofías y prácticas de Abya Yala.

En nuestros análisis podemos ver como un aspecto fundamental de la comunalidad en nuestro continente, el arraigo que sentimos por la tierra. Allí es donde logramos ver los intensos lazos comunitarios que se presentan en zonas rurales y urbanas. Este arraigo y enraizamiento en Abya Yala hay que verlo también de manera milenaria e histórica, pues en estas tierras antiguas se fueron creando lógicas civilizatorias a partir de la conexión con la tierra, de ella nacieron las culturas, simbolos, lenguajes, medicinas, entre otros elementos que perviven hasta el presente.

Las formas de domesticación del maíz como planta de uso de cultivo fue fundamental para la creación de las civilizaciones de Mesoamérica. Hay que profundizar el entendimiento de la domesticación del maíz. ¿Quiénes lo domesticaron y que representó esto para los pueblos del continente? En Oriente Medio, el trigo fue domesticado por las mujeres y fue la base de las civilizaciones de la región, es posible que el maíz aquí también haya tenido la misma historia. Esto abre un camino de entendimiento de cómo se fueron fundando las sociedades en nuestra región.

Al comprender las lógicas de la formación de la vida comunal en nuestro continente, es necesario indagar sobre el sistema de dominación patriarcal anterior a la dominación patriarcal portuguesa y española que llegaron después de la invasión de 1492. Es necesario comprender esos otros niveles de violencia patriarcal que ya existían y que se profundizaron con la conquista de las otras civilizaciones que llegaron aquí. El paradigma de Öcalan nos puede ayudar a interpretar nuestra propia historia a partir de la matriz histórica del cazador de Mesopotamia. Tenemos que abrir estos diálogos directos con las poblaciones de nuestro continente. Ahí están los desafíos para entender qué pasó antes de la invasión.

Abya Yala es un continente con un gran numero de luchas y resistencias, con cientos de pueblos originarios vivos, que cargan sus lenguas y culturas, al mismo tiempo es un contiente con millones de luchadores y luchadoras populares que buscan la libertad. Es una región con movimientos sociales fuertes, sociedades que viven comunalmente y que viven en sus territorios. Pese a esto, debemos ser conscientes que hoy estamos ante una encrucijada, donde hay diferencias entre lo que estamos planteando y lo que estamos haciendo para construir una nueva sociedad en libertad.

¿Cómo podemos poner en práctica lo que pensamos y hacemos? La vida comunitaria puede ser un camino para lograr construir esta coherencia de vida. ¿Cuál es la esencia de vivir en comuna? La comuna es un sistema diverso, donde muchas partes o seres constituyen una unidad. Abdullah Öcalan nos va a plantear algunas reflexiones profundas, como que el ser humano es el reflejo del desarrollo del universo y por tanto nuestras formas organizativas deben reflejar también el universo, por tanto eso es lo que debe convertirse la comuna, el escenario principal para la existencia y flujo de la vida. Cuanto más organizado estamos, más existimos. Cuanto menos organizados estamos, desaparecemos.

En nuestro contienente vemos que la tierra y la vida se defienden con fuerza, los territorios se viven con mucho sentido y sentimientos profundos de amor. Las chagras y las milpas (formaciones de cultivos milenarios) son los espacios donde se arraigan los pueblos de la ruralidad a sus territorios, a partir de ellas conciben el mundo, su vida y los trabajos colectivos y comunitarios son escenciales para que existan. En Colombia el ejemplo de la minga es un ejemplo del trabajo comunal que hace que exista una sociedad fuerte. Los carnavales y fiestas milenarias en relación con las siembras y cosechas, donde lo que sobra no es para acumularlo o convertirlo en capital, sino para compartirlo, son los mismos sistemas de apoyo comunitario y comunal que han hecho los pueblos en nuestro continente, los que le dan continuidad a la vida de la sociedad.

En las ciudades también se ven estos trabajos colectivos. Las tomas de tierras para construir barrios populares, las huertas urbanas que sirven para producir alimentos para compartir. Las construcciones vecinales de las planchas (bases para construir los segundos pisos de las casas), las fiestas populares, entre otros, son prácticas que guardan lazos muy antiguos de la comunalidad ahora con rasgos urbanos.

Cuando hay minga y las comunidades se ayudan las unas a las otras, esto suena como en el Confederalismo Democrático cuando las comunas se unen para enfrentar un problema más grande. A veces hablamos con conceptos diferentes, pero en el fondo la realidad es la comunalidad. Juntarse para apoyar una parte de la sociedad que necesita de los demás para lograr superar dificultades o desafios que tienen por delante. Una comuna no es una comuna si no está contribuyendo a la economía a nivel de sociedad, si no está ayudando a resolver los problemas que vivimos en la cotidianidad. Por tanto, una comuna debe pensarse en cooperativas de acuerdo a nuestras necesidades y nuestra propia fuerza. Debe estar en conexión entre la conciencia de quiénes somos y lo que queremos ser.

¿Como vamos a cuidar de la responsabilidad que tenemos con la vida a partir de nuestra organización? ¿Qué significa en la realidad ser comunal? Öcalan en sus nuevas perspectivas va a proponer que hablar de socialismo debe ser la capacidad que tengamos para ver, sentir, pensar y hablar con nuestra sociedad y así llegar a organizarnos en todos los niveles de la vida. Esto implica llegar a construir una personalidad comunitaria. No basta con decir que somos comunitarios, pues muchas veces cuando vamos a los territorios, vemos y vivimos muchas contradicciones entre lo que debería ser comunitario. Entonces debemos preguntarnos ¿cuál es la realidad comunitaria y qué es la personalidad comunitaria? Este es un aporte que el paradigma de Öcalan puede hacer a todos los procesos y movimientos sociales de toda índole en América Latina, sean rurales, urbanos, o del carácter que sean.

Empezarse a hacer preguntas de este tipo nos puede llevar a una discusión profunda para poner en práctica lo que queremos hacer en el mundo. Cuando hablamos de ser más comunitarios, debemos ser conscientes que tiene que ver con la unión y pensar que lo que hacemos siempre será en beneficio social, sin embargo no estamos planteando que no debe existir la individualidad, sino que debemos liberarla del individualismo capitalista.

Es importante ponerle énfasis en el potencial destructivo que ha tenido la cultura positivista no solamente en las sociedades occidentales europeas, sino también en la cultura indígena. Del mismo modo debemos saber que combatir el pensamiento colonial también es combatir la idea de que la comunidad es algo idílico, algo romántico, tanto como la idea que es bárbaro o salvaje. Las presiones coloniales también tuvieron la capacidad de adentrar profundamente en la comunidad e implantar la mentalidad capitalista. Entonces si seguimos viendo las comunidades como algo puro e inamovible, estamos cerrando la capacidad de autocrítica. La comunidad también debe ser para producir relaciones y desde las contradicciones, imaginar cómo superarlas.

Creemos que sí hay diferencias cualitativas de vivir de formas comunitarias en relación con la forma individualista de occidente, pues vivir de forma individual es la muerte del ser humano, del espíritu, del sentir. Pierde el sentido en la vida. Por tanto hay una salvación en la vida comunitaria. La vida individualista nos enseña a salirnos de los problemas de la vida colectiva, nos pone en la burbuja de la vida sin fricciones y como resultado quedamos aislados, fragmentados, sin capacidad de actuar contra el sistema que ahora nos adentra a un periodo de caos sin precedente. Estamos entregando nuestra capacidad de defender nuestras vidas. Lo que nos hace libre es el hecho de vivirnos en comunidad. A la palabra comunidad hay que darle sentido, viene de “común”, debemos reconstruirla en comunidad.

El presente texto surgió como parte de un estudio colectivo que venimos desarrollando en Abya Yala los integrantes de la Academia de la Modernidad Democrática. Busca convertirse en una fuente de reflexión hacia afuera de los debates y discusiones que se vienen desarrollando al interior de la academia.